9 de septiembre de 2009

Escampada

Hoy volvió a llover. A las cuatro treinta y siete de la tarde nos golpeó de nuevo el agua y caprichosa hizo su cauce por donde le dio la gana. Un par de salas del museo ostentaron un irrefrenable riachuelo natural, el metro se inundó casi 40 centímetros y la ciudad quedó paralizada por horas debido a los estragos de la tromba.

Como a las seis me atreví a salir del museo cuando ya sólo caían unas plumitas que hacían cosquillas en la nariz. Caminé por la alameda encharcada y semi desierta hasta Bellas Artes que lucía más blanca que nunca. Sólo unos cuantos desconfiados seguían guareciéndose en la entrada pero en lugar de portar el gesto habitual de rehén de la lluvia parecían cómodos platicando contra los pilares.

Las lozas cubiertas de agua formaron un enorme espejo que revelaba a las nubes abriéndose para ofrendar un cielo azulísimo y limpio. El mundo es otro después de la lluvia, pensé, y los versos de René Morales, a quien recién conozco hace unas semanas pero me bastaron dos noches para saber entrañable, salieron musitados de mi boca casi sin darme cuenta:

Le hemos desagradado a Dios hasta la náusea.

Afortunadamente la fiesta ha terminado
y una lluvia suave de noche se tiende sobre las calles.

Como si todo se quisiera lavar.
Como si Dios por alguna razón extraña
insistiera en darnos una segunda oportunidad.

Hoy, frente al azul del cielo derramado sobre el piso, a pesar de mis constantes berrinches y corajes en su contra, a pesar de que me había tenido muy triste en estos días y a pesar incluso de ella misma, yo también le dí una segunda oportunidad a la humanidad.

2 comentarios:

O.M.A.R. dijo...

Me gusta ver llover, salvo cuando es en calidad de diluvio. Aunque de alguna forma, la lluvia me pone melancólico.

Svetlana dijo...

que curioso, el otro día me llovio encima, (y abajo, que molesto es cuando le llueve a uno en los zapatos)
pero pensé en algo parecido
(hace mucho que no te escribía un "yo también" en tu blog)

y escribí algo para el poeta ese que dices entrañable (aunke exageras)

"noto que llueve
irracionalmente
y encuentro belleza
en elmiserable
fin del mundo
que me prometiste"