Hijoles yo creí que ya no regresaba (por más que me imaginaba la cara de perro atropellado de Mar jajaja). Bueno, primero que nada desmentiré los mitos al rededor de mi desaparición:
-No fui absorbida por twitter, de hecho twitter nunca terminó de gustarme y ultimamente no sólo no me gusta sino que empieza a darme cus cus. (el big brother we)
- No me secuestró una banda de gitanos ni de duendes asesinos ni de (agregue aquí su terror de la infancia favorito yo ya contribuí con los míos).
- No morí de una sobredosis ni me suicidé ni me volví anoréxica/bulímica ni tuve un colapso nervioso y estuve internada en un psiquiátrico ni me suplantó un par de meses mi gemela malvada para cometer crímenes pasionales por todo el DF.
-No me embaracé y repentinamente obtuve una beca de nueve meses para estudiar macramé en el extranjero. No me casé clandestinamente con un magnate del petroleo. No me busca la CIA por contrabando de información confidencial en una operación encubierta por el
Vértigo de los Aires. (Mi vida por desgracia no es tan interesante pero el Vértigo sí estuvo rebueno.)
Lo que sí pasó:
- Me mudé de casa, hace un par de meses que ya no soy parte de la comuna de cubanas como alguna vez llamaron al alegre hogar que compartíamos Amanda, Tania (la otra), Mengana y yo. Las malditas infelices (y adoradas) no tardaron en reemplazarme nada más y nada menos que con Jaime quien en poco tiempo estará colocándose mascarillas y sincronizando con ellas su SPM.
- Me enamoré como una loca de otro loco y somos locamente felices. Con todo lo que eso trae consigo (léase: dramononones, gritos, chillonerías, reconciliaciones de telenovela y montones de promesas de sobrecama).
- Renuncié al museo y ahora me dedico exclusiva y burguesamente a mis clases de francés y a la pila de libros que aumenta preocupantemente en medio de la sala, la habitación y por todos lados. Algunos los compramos en las librerías de viejo, ya hasta tenemos una favorita en Quevedo y otros nos los regalan a montones (bueno a él) sus editores. Yo no he leído ni la mitad de la mitad y al paso que voy no creo lograrlo nunca porque en lo que yo termino con uno llegan en promedio cuatro más.
- No me he titulado, me gustaría victimizarme y achacárselo a mi falta de tiempo y de recursos pero ahora que ya no trabajo mil horas al día lo único que me detiene es la desidia. Me dedico a paladear esta ciudad de la mano de una persona que amo y admiro, experimento feliz de la vida todos los clichés más despreciables y criticables: Cineteca cada miércoles, café jarocho en coyoacán los viernes, presentaciones en la casa del poeta los jueves, estarbucs, conferencias en CU, tertulias en el fondo de cultura y Bellas Artes... (ah sí, olvidé la Casa del Lago, donde ayer toooodo el DF demostró ser estudioso, crítico o mínimo fanático de la obra de Houellebecq)
Por supuesto que quiero hacer maestría, eso no está a discución, pero he aprendido que nadie me está correteando y que hay toda una vida al margen de la academia que también quiero vivir (nada con exceso, todo con medida). Así que el examen será si acaso en enero y digo si acaso porque también hay planes de viajar y viajar.
- En este preciso momento hace hartísimo frío y está nublado, mi novio discute conmigo (¿o se explica a si mismo?) los pros y los contras de un libro que está dictaminando, de pronto se calla y continua haciendo anotaciones minuciosas en los márgenes con un lápiz al que le saca obsesivamente punta cada que escribe dos líneas, yo le doy un sorbo a mi café que ya está helado y pienso que no podría ser más feliz.