5 de diciembre de 2009




A Huberto Batis lo conocí apenas hace tres semanas, Polo me había dicho desde hace meses que quería presentármelo y a mí me daba nosequé y nomás no se hacía. Siempre me da como úshale cuando me quiere presentar a alguien, tengo esta idea cliché de que los intelectuosos son re mamilas. Afortunadamente he terminado por comerme mis palabras. La última vez, cuando me presentó a Luis, el director de la Gaceta del FCE, yo estaba medio arrepentida de haber ido, pero al final, cuando nos despedimos y solté la trilladísima "fue un placer" me di cuenta de que era probablemente la primera vez en mi vida que la decía con toda sinceridad.

A Batis no sólo fue un placer conocerlo sino una verdadera experiencia, es por mucho uno de los hombres más lúcidos, cultos, ocurrentes e irreverentes que hay en el panorama cultural mexicano. Escucharlo hablar es una verdadera delicia, ese día sin darnos cuenta se nos pasaron cinco horas y hubieran podido ser más sino pero mis tripas que ya chillaban de hambre (no me gusta la comida de la cafe de Filos lo admito, odienme). En fin, los invito a que vayan mañana a escuchar a uno de los verdaderos intelectuales de México, les juro que no se van a arrepentir.

27 de noviembre de 2009

No estaba muerta

Hijoles yo creí que ya no regresaba (por más que me imaginaba la cara de perro atropellado de Mar jajaja). Bueno, primero que nada desmentiré los mitos al rededor de mi desaparición:

-No fui absorbida por twitter, de hecho twitter nunca terminó de gustarme y ultimamente no sólo no me gusta sino que empieza a darme cus cus. (el big brother we)

- No me secuestró una banda de gitanos ni de duendes asesinos ni de (agregue aquí su terror de la infancia favorito yo ya contribuí con los míos).

- No morí de una sobredosis ni me suicidé ni me volví anoréxica/bulímica ni tuve un colapso nervioso y estuve internada en un psiquiátrico ni me suplantó un par de meses mi gemela malvada para cometer crímenes pasionales por todo el DF.

-No me embaracé y repentinamente obtuve una beca de nueve meses para estudiar macramé en el extranjero. No me casé clandestinamente con un magnate del petroleo. No me busca la CIA por contrabando de información confidencial en una operación encubierta por el Vértigo de los Aires. (Mi vida por desgracia no es tan interesante pero el Vértigo sí estuvo rebueno.)

Lo que sí pasó:

- Me mudé de casa, hace un par de meses que ya no soy parte de la comuna de cubanas como alguna vez llamaron al alegre hogar que compartíamos Amanda, Tania (la otra), Mengana y yo. Las malditas infelices (y adoradas) no tardaron en reemplazarme nada más y nada menos que con Jaime quien en poco tiempo estará colocándose mascarillas y sincronizando con ellas su SPM.

- Me enamoré como una loca de otro loco y somos locamente felices. Con todo lo que eso trae consigo (léase: dramononones, gritos, chillonerías, reconciliaciones de telenovela y montones de promesas de sobrecama).

- Renuncié al museo y ahora me dedico exclusiva y burguesamente a mis clases de francés y a la pila de libros que aumenta preocupantemente en medio de la sala, la habitación y por todos lados. Algunos los compramos en las librerías de viejo, ya hasta tenemos una favorita en Quevedo y otros nos los regalan a montones (bueno a él) sus editores. Yo no he leído ni la mitad de la mitad y al paso que voy no creo lograrlo nunca porque en lo que yo termino con uno llegan en promedio cuatro más.

- No me he titulado, me gustaría victimizarme y achacárselo a mi falta de tiempo y de recursos pero ahora que ya no trabajo mil horas al día lo único que me detiene es la desidia. Me dedico a paladear esta ciudad de la mano de una persona que amo y admiro, experimento feliz de la vida todos los clichés más despreciables y criticables: Cineteca cada miércoles, café jarocho en coyoacán los viernes, presentaciones en la casa del poeta los jueves, estarbucs, conferencias en CU, tertulias en el fondo de cultura y Bellas Artes... (ah sí, olvidé la Casa del Lago, donde ayer toooodo el DF demostró ser estudioso, crítico o mínimo fanático de la obra de Houellebecq)

Por supuesto que quiero hacer maestría, eso no está a discución, pero he aprendido que nadie me está correteando y que hay toda una vida al margen de la academia que también quiero vivir (nada con exceso, todo con medida). Así que el examen será si acaso en enero y digo si acaso porque también hay planes de viajar y viajar.

- En este preciso momento hace hartísimo frío y está nublado, mi novio discute conmigo (¿o se explica a si mismo?) los pros y los contras de un libro que está dictaminando, de pronto se calla y continua haciendo anotaciones minuciosas en los márgenes con un lápiz al que le saca obsesivamente punta cada que escribe dos líneas, yo le doy un sorbo a mi café que ya está helado y pienso que no podría ser más feliz.

26 de septiembre de 2009

Yo no fui una niña feliz. No tengo excusas para no haberlo sido, hijos de padres divorciados habemos muchísimos y la verdad es que mis padres me quisieron mucho de la única forma en que sabían querer. No me faltaron los juguetes, que si bien nunca me parecieron suficientes reconozco que fueron más de los que creí poder merecer y definitivamente muchos más de los que mis padres creyeron poder pagar. Tampoco me faltaron los amigos ni los jardines ni las mascotas ni las escondidas o las traes. Pero lo cierto es que yo no fui una niña feliz. Lloraba mucho y todo me angustiaba, la muerte, Dios, los pobres, la guerra, el fin del mundo, los fantasmas, que algo malo le pasara a mi familia, que atropellaran a mi perro, que se me perdiera mi barbie favorita, que me dijeran llorona, todo.

En la adolescencia dejé de llorar y me volví amiguera y extrovertida, salía todos los días con todo el mundo y adopté una actitud valemadrista ante cualquier cosa que no incluyera al sexo opuesto. Tuve muchos novios, fumaba y mis amigas decían que era de lo más cool (así decían, cool). Mis papás, aliviados supongo, me dejaron ser a mis anchas. Fui a todas las fiestas y a todas las reuniones, nunca me dijeron que no a nada. Tuve la ropa y los discos que quise y hasta los que no quise. Mis amigas se la pasaban en mi casa toda la tarde y se quedaban a dormir los fines de semana, el tipo más guapo con el que todas querían era mi novio y además en la escuela siempre obtenía dieces y diplomas. Sin embargo, tampoco fui feliz. Nunca lo decía pero cuando me quedaba sola en mi cuarto me daban unas ganas inmensas de llorar (pero ya no lloraba) y volvía la angustia a comerme la panza. Entonces agarraba el teléfono y marcaba algún número de memoría. Antes de que me contestaran ya estaba sonriendo con la garganta clara.

Cuando me fui a la universidad mi mamá me ayudó a mudarme, me compró cosas para mi nueva casa y pasó todo un fin de semana limpiando y desempacando conmigo. Yo tenía dieciocho años y me sentía un adulto. En Guanajuato viví el paquete completo. Me emborraché, me quedé sin un peso, llegué sin haber dormido a clase de ocho, pasé hambres, hice el ridículo varias veces, me robé un auto, hice amigos, algunos pasajeros y otros para siempre, me quedé sin lugar para vivir un par de veces, me desvelé haciendo trabajos con una chela en mano, abusé del red bull, me gradué. Toda la experiencia universitaria. Y sí, tampoco fui feliz.

Ahora me levanto a las siete de la mañana para irme a la chamba y llego a mi casa pasadas las seis si el tráfico me lo permite, ah, y por supuestísimo nunca traigo un peso. Hace más de un mes que no voy a una fiesta, ni qué decir de tomarme una cerveza. Tengo amigos (poquísimos) que prefieren ir por un un café, al cine o a caminar un rato y dormirse temprano. Estoy enamorada (muchísimo) y por primera vez no hay dramatismo ni pleitos ni gritos ni lágrimas. Se podría decir que mi vida es de lo más aburrida pero, aunque ni yo misma sepa exactamente cómo pasó, soy una mujer sumamente feliz. La más.


(Ajá, mi pelo ya no es ni largo ni rojo y no lo extraño ni poquito.)


17 de septiembre de 2009

niñas que no usaban zapatos

A los doce años pasaba toda la mañana del sábado pegada a mi grabadora escuchando el Top 20 de canciones de la semana con un dedo en el botón Play y el otro en Rec. La mayoría de los miles de cassettes que grabé durante mi pubertad se perdieron en fiestas y pijamadas en casa de mis amigas, se los regalé dedicadísimos a mis noviecitos (que nomás fueron dos y sólo uno me besó "de lengüíta") o se extraviaron junto con muchas otras reliquias (como mi colección de etiquetas) en una de las tantas mudanzas de esta vida de nómada que me ha tocado llevar. Todos excepto uno. A estas alturas el Pollo estará pensando que por supuestísimo me refiero a Nimrood de Greenday. Te equivocas Pollito, desgraciadamente ese lo perdí cuando me fuí de Guanajuato a casa de mi mamá o cuando me vine de allá al DF...

El único cassette que aún conservo es Pies descalzos de Shakira. Porque verán, yo de niña no escuchaba a Nina Simone y tampoco fui un baby Mozart, yo escuchaba lo que ponían en el radio, lo que escuchaban mis compañeritas del salón y mis vecinas, pero de todo eso lo que más más más me gustaba era Shakira. Me gustaban sus letras, su manera tan original de impostar la voz, su look rocker, su acento en las entrevistas, me gustaba que estaba gordibuenísima y que no sólo cantara sino que también tocara la guitarra. En fin, era tan pero tan su fan (y no me da penita decirlo) que a los 14 años me compré todo un outfit idéntico al que ella usó en el Unplugged y hasta me teñí el cabello igual.

A mi novio de entonces, que me regaló el primer CD de Shakira que tuve en la vida, le canté montones de veces cuando éramos felices y Moscas en la casa cuando peleábamos. Lloré noches enteras escuchando una y otra vez completito Dónde están los ladrones. No recuerdo exactamente por qué lloraba pero recuerdo a la perfección que ese es un disco para llorar agusto, sobretodo, sobretodísimo al escuchar Inevitable.

Fue cuando entré a la universidad que le perdí a Shaki la pista. Mis pretenciones intelectualosas dieciochoañeras me decían que era mucho más chido escuchar música un poco más underground para poder iniciar una conversación sorprendiendo a todo el mundo con la infalible: "¿Has escuchado a (inserte grupo de nombre preferentemente impronunciable)?" Fue así como me alejé de la colombiana y comencé a escuchar músicos "de adeveras" mucho más ad hoc con mi recién estrenado estatus de estudiante de humanidades. Sin embargo, aun que le mentaba la madre en público, en privado seguía viendo MTV y no faltaba la ocasión en que apareciera de pronto en pantalla una rubia, delgadísima y angloparlante Shakira, imagen a la cual yo interpelaba mentalmente con un "¿Qué te has hecho? ¡Vendida!" y ella respondía con un más indignado "Cállate cínica. ¿ Y esos aretes? ¿Y esa ropa de manta? ¿De dónde te salió a ti lo indígena? ¡Vendida tú!" Ruborizadas las dos por nuestras metamorfosis recordábamos de golpe todo el cariño que nos tuvimos y todas las fiestas y todas las lágrimas. Regularmente esos encuentros televisivos terminaban con nosotras sentadas en alguna banqueta del barrio en el que crecí esperando a que saliera el Pollo para irnos a fumar a escondidas o escribiendo poemas horrendos o deseando crecer para irnos lejos a extrañar.

Shakira y yo, pues, siempre nos habíamos perdonado nuestras falsedades. Yo la dejaba mover el culo semidesnudo en paz y ella me dejaba inventarme que a mi desde niña me gustaba Chopin. Yo le perdoné que cada vez estuviera más güera y más flaca y ella me perdonó mi esnobismo, mis aires de grandeza y mi supuesta intelectualidad. Sin embargo, hace meses que de verdad no miro televisión, debido más que nada a que ya no tengo cable, pero todas las mañanas cuando nos estamos arreglando para ir al trabajo mi roomie pone el radio, fue así como escuché hace unos días La loba. Al principio no pude creer que se trataba de Shaki, mi Shaki, pero sí, un mínimo dejo de su antiguo timbre de voz me lo confirmó. Entonces corrí a Youtube a buscar el video y crucé los dedos mientras se cargaba. Al fin lo ví, una y otra vez, con incredulidad, con vergüenza, con tristeza. Shaki, me has roto el corazón. Esta vez no se si puedas perdonarme.

14 de septiembre de 2009

RESUMEN DE MI SEMANA O BREVE Y SENTIDO AVISO AL MAGISTERIO DEL DF

Estimados profesores de nivel básico y medio superior del Distrito Federal y Zona Metropolitana:

Se les comunica atentamente que el departamento de servicios educativos del museo NO es una escuela para alumnitos problema de profesores HOLGAZANES. Así que se les suplica de la manera más atenta que dejen de enviárnoslos para que hagamos en un día lo que ustedes no han podido hacer en todo un ciclo escolar. Sin contar el hecho de que lo que menos les interesa a los pubertos es la historia del arte y no desaprovechan ocasión alguna para hacerlo evidente, de la manera más diplomática posible claro está, gritando, empujándose, interrumpiendo las explicaciones, corriendo y desatendiendo las indicaciones.

Así mismo, me gustaría hacer de su conociemiento que mi labor esta semana en la sala del siglo XIX consistía estrictamente en explicar las diversas corrientes artísticas, influencias, escuelas y artistas representativos de ese siglo y por supuesto responder cualquier duda respecto a los objetos que se exhiben en sala. NADA MÁS. Mi labor no es explicar las guerras contra Francia y EU, ni la perdida de Texas y la Meseta, ni las Leyes de Reforma, ni la Constitución del 57. NADA DE ESO. Si hubiera querido ser profesora de historia hubiera sido profesora de historia PERO ESO NO ES LO QUE SOY.

Por su atención, gracias.

9 de septiembre de 2009

Escampada

Hoy volvió a llover. A las cuatro treinta y siete de la tarde nos golpeó de nuevo el agua y caprichosa hizo su cauce por donde le dio la gana. Un par de salas del museo ostentaron un irrefrenable riachuelo natural, el metro se inundó casi 40 centímetros y la ciudad quedó paralizada por horas debido a los estragos de la tromba.

Como a las seis me atreví a salir del museo cuando ya sólo caían unas plumitas que hacían cosquillas en la nariz. Caminé por la alameda encharcada y semi desierta hasta Bellas Artes que lucía más blanca que nunca. Sólo unos cuantos desconfiados seguían guareciéndose en la entrada pero en lugar de portar el gesto habitual de rehén de la lluvia parecían cómodos platicando contra los pilares.

Las lozas cubiertas de agua formaron un enorme espejo que revelaba a las nubes abriéndose para ofrendar un cielo azulísimo y limpio. El mundo es otro después de la lluvia, pensé, y los versos de René Morales, a quien recién conozco hace unas semanas pero me bastaron dos noches para saber entrañable, salieron musitados de mi boca casi sin darme cuenta:

Le hemos desagradado a Dios hasta la náusea.

Afortunadamente la fiesta ha terminado
y una lluvia suave de noche se tiende sobre las calles.

Como si todo se quisiera lavar.
Como si Dios por alguna razón extraña
insistiera en darnos una segunda oportunidad.

Hoy, frente al azul del cielo derramado sobre el piso, a pesar de mis constantes berrinches y corajes en su contra, a pesar de que me había tenido muy triste en estos días y a pesar incluso de ella misma, yo también le dí una segunda oportunidad a la humanidad.

6 de septiembre de 2009

Aquí aquí

Pues nada ya van varias veces en esta semana que pienso que mi próximo post tratará de tal o cual cosa. He posteado mentalmente un montón de veces, pero, cuando llego a mi casa, o estoy muy cansada o muy hambrienta o tengo visitas o todas las anteriores. Entonces el post se me olvida o me da flojera o ya no me gusta o todas las anteriores. Recuerdo que a principios de semana quería escribir sobre una chica que fue al museo y se tardó cerca de una hora observando una papelera del siglo XVII. Después de que le explicara detalladamente lugar de origen, materiales, técnicas y motivos del grabado y demás necesades, me siguió preguntando si sabía a quién había pertenecido antes que a Franz Mayer (sip, ahí trabajo) y si le podía indicar cuál era el cajoncito secreto y cómo se abría. Le indiqué la ubicación del cajón y le expliqué que no estaba autorizada para abrirlo porque antes debía llamar al dpto. de colecciones y solicitarlo con el museógrafo y blablabla... La chica dejó de escucharme y se quedó mirando el lugar del cajoncito fijamente. Al principio me pareció divertido pero la verdad terminó por darme un poco de miedo su obsesión. No me di cuenta en qué momento se fue porque estaba muy ocupada con un grupito de niños que fueron enviados por su flojísimo profesor a que les diéramos clases de historia por él. Chale.

Después quise escribir de que estoy a punto de hacer mi examen recepcional y estoy nerviosa y después quise escribir acerca de que se fueron las gatas y no han vuelto y estamos preocupadas por ellas. También pensé en escribir sobre, en fin harta cosa pues pero poco tiempo, me voy ya. Mañana es mi día libre y me la pasaré echada en la cama comiendo porquerías pero hoy toca desvelarme, esta vez unicamente con fines recreativos. ¡Yei!